domingo, 22 de julio de 2007

Violencia


VIOLENCIA- CONCEPTO:

La raíz etimológica del término Violencia remite al concepto de “fuerza”. El sustantivo “violencia” se corresponde con verbos tales como “violentar”, “violar”, “forzar”. A partir de esta primera aproximación semántica, vale decir que la violencia implica siempre el uso de la fuerza para producir un daño. En un
sentido amplio, puede hablarse de violencia política, de violencia económica, de violencia social y hasta de violencia meteorológica (se dice que un temporal es violento, cuando su fuerza es tal, que destruye lo que encuentra a su paso). En todos los casos, el uso de la fuerza remite al concepto de poder.
En un sentido restringido, se puede focalizar las conductas violentas, cuando se ubica el nivel de las acciones individuales, el empleo de la fuerza se constituyen en un método posible, para la resolución de conflictos interpersonales, como un intento de doblegar la voluntad del otro, de anularlo, precisamente, en su calidad de “otro”.
MITOS Y CREENCIAS:
MITO Nº 1
- La Violencia Familiar es producto de algún tipo de enfermedad mental.
Realidad: Los estudios realizados muestran que menos del 10% de los casos de Violencia Familiar son ocasionados por trastornos psicopatológicos de algunos miembros de la Familia. Por el contrario, se ha comprobado la afirmación opuesta; que las personas sometidas a situaciones crónicas de violencia, a menudo desarrollan trastornos psicopatológicos como: cuadros de depresión, angustias, insomnio, etc.
MITO Nº 2- La Violencia Familiar es un fenómeno que sólo ocurre en las clases sociales más deprimidas económicamente.
Realidad: La pobreza y las carencias educativas constituyen factores de riesgos para las situaciones de violencia, pero no son patrimonio exclusivo de esos sectores de la población. Se sabe que los casos de violencia familiar se distribuyen en todas las clases sociales y en todos los niveles educativos. Hay casos de abuso crónico en familias de profesionales, empresarios, comerciantes, etc. Lo que ocurre es que, a medida que ascendemos en la escala social, existen más recursos para mantener oculto el problema.
MITO Nº 3- El consumo de alcohol es la causa de las conductas violentas.
Realidad: El consumo de alcohol puede favorecer la emergencia de conductas violentas, pero no las causa, de hecho, muchas personas alcohólicas no usan la violencia dentro de su hogar, también es cierto que muchas personas que mantienen relaciones familiares abusivas no consumen alcohol. Y existe un tercer argumento: las personas que utilizan la violencia dentro de su hogar cuando están alcoholizadas no son violentas cuando beben en otros lugares o en situaciones sociales.
MITO Nº 4 – Si hay violencia, no puede haber amor en una familia.
Realidad: Los episodios de violencia dentro del hogar no ocurren en forma permanente, sino por ciclos. En los momentos en que los miembros de la familia no están atravesando la fase más violenta del ciclo, existen interacciones afectuosas, aunque el riesgo de que en cualquier momento se vuelva a la situación de violencia siempre está flotando en el aire. El amor coexiste con la violencia; de lo contrario, no existiría el ciclo. Generalmente, es un tipo de amor adictivo, dependiente, posesivo, basado en la inseguridad.
MITO Nº 5 – Las víctimas de maltrato a veces se lo buscan “algo hacen para provocarlo”.
Realidad: Es posible que su conducta provoque enojo, pero la conducta violenta es absoluta responsabilidad de quien la ejerce. No hay “provocación” que justifique una bofetada, un golpe en la cabeza o un puntapié. Los hombres que ejercen violencia el hogar intentan permanentemente justificar su conducta en las “provocaciones” y eso les permite eludir su responsabilidad. Una variedad de este mito, es el que dude que una víctima de agresión sexual o de violación algo ha hecho para provocarlo.
Estos mitos tienden a culpabilizar a la víctima en lugar de al victimario, y se traducen en ciertas preguntas que policías, médicos, abogados y otros profesionales hacen a la víctimas de abuso (sean mujeres o niños), transformándolas en “sospechosas”.
MITO Nº 6 – El abuso sexual y las violaciones ocurren en lugares peligrosos y oscuros y el atacante es un desconocido.
Realidad: En el 85% de los casos, el abuso sexual ocurre en lugares conocidos o en la propia casa, y el abusador es alguien de la familia o un conocido (tanto en el caso de abuso sexual de niños como de mujeres).
MITO Nº 7 – El maltrato emocional no es tan grave como la violencia física.
Realidad: El abuso emocional continuado, aún sin violencia física, provoca consecuencias muy graves desde el punto de vista del equilibrio emocional. Muchos psiquiatras llegan a diagnosticar cuadros sicóticos en personas que, en realidad, están sufriendo las secuelas del maltrato psicológico crónico.
MITO Nº 8- La conducta violenta es algo innato, que pertenece a la “esencia” del ser humano.
Realidad: La violencia es una conducta aprendida a partir de modelos familiares y sociales, que la define como un recurso válido para resolver conflictos. Se aprende a utilizar la violencia en la familia, en la escuela, en el deporte, en los medios de comunicación etc. De la misma forma, sería posible aprender a resolver las situaciones conflictivas de manera no violenta
Todos estos factores incrementan la vulnerabilidad de la familia y transforman al conflicto, inherente a toda interacción, en un factor de riesgo para la violencia. Pero podemos dar un paso más en la conceptualización de la familia como entorno propicio para las interacciones violentas, analizando dos variables en torno a las cuales se organiza el funcionamiento familiar: el poder y el género. Ambas categorías aluden a una particular organización jerárquica de la familia. En ella la estructura del poder tiende a, ser vertical, según criterios de género y edad. Así, el concepto “Jefe de Familia”, que a menudo está jurídicamente definido, se corresponde con la cate4goría “varón adulto”. A tal punto, cúspide del poder familiar se halla vinculada al género que, en muchas culturas y subculturas, cuando muere el padre su lugar pasa a ser ocupado por el mayor de los hijos varones, independientemente de la existencia de la madre y/o hermanas mayores. Verticalidad, disciplina, obediencia, jerarquía, respeto, castigo son elementos indispensables, para la organización de instituciones militares, dentro de las cuales resultan funcionales. Cuando estos fundamentos sirven de base para regular las relaciones intrafamiliares, encontramos algunas de la siguientes “leyes”, implícitas pero sancionables.
“Los hijos deben respeto a los mayores”, “El padre debe mantener el hogar”, “La mujer debe seguir al marido”, “El padre es el que impone la ley”
La naturalidad con que estas premisas son aceptadas, e incluso prescritas desde ciertos sectores profesionales, nos dicen de la coherencia de este modelo autoritario de familia con respecto al macro contexto en el que está inserto, definido globalmente como “Cultura Patriarcal”. Una de las características de esta legalidad es la unidireccionalidad: el concepteo de respeto no es entendido como una categoría que requiere reciprocidad, sino que es definido a partir de una estructura de poder en la cual la dirección establecida es desde “arriba hacia abajo”
La aceptación estricta de esta “normativa” legitima diversas formas de abuso intrafamiliar. Por ejemplo, los niños abusados sexualmente son una consecuencia de la aceptación de las normas acerca de la obediencia y el respeto que les deben a los mayores.
En una estructura vertical, se suele poner el acento en las obligaciones, más que en los derechos de los miembros, por lo tanto, los más débiles tienen una oscura conciencia de sus opciones y facultades. De ahí que su dependencia con respecto a los más fuertes se acentúa y su autonomía personal se ve disminuida.
Los estudios de género llevados a cabo en las últimas décadas muestran a las claras la vigencia de los estereotipos culturales que atribuyen más valor a lo masculino que a lo femenino; ubicando jurídica y psicológicamente a varones y mujeres en distintos niveles.

BIBLIOGRAFÍA:

ALVAREZ, Ofelia, “La Intervención Integral de Apoyo en la Mujer en situación de Violencia Doméstica por su Pareja”, Congreso Interamericano de Psicología, San José de Costa Rica 12 de Julio 1991.
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BOWLBY, John, La Pérdida Afectiva”, Editorial Pardos, Buenos Aires Argentina 1983
CORSI, Jorge, “Una Mirada Abarcativa sobre el Problema de la Violencia Familiar”, Ediciones Pardos, Buenos Aires, Mayo 1999, Tercera Reimpresión.
DE LA RÚA, Mercedes; “Victimología Enfoque Sistémico”, Ediciones Gobierno Provincia de Córdova, Córdova Argentina 1998.
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MONTAGU, Asley, “La Naturaleza de Agresividad Humana”, Editorial Alianza, Madrid 1978